Editorial

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La deuda de los candidatos presidenciales

Gobernabilidad, seguridad ciudadana, educación, economía, fondos de pensiones, inversión, impuestos y proyectos sociales. ¿Queda algo en el tintero? Sí, propuestas concretas y posibles en materia de medio ambiente y cambio climático.

Recién el 21 de noviembre un canal de televisión realizó un debate presidencial con foco en una emergencia climática. “La Red” bajo la presentación de Escenario Hídrico 2030 llevó a cabo “Futuro del agua en Chile”, con la participación de los candidatos y la candidata vía Zoom.

Dividido en 4 bloques, en los que se abordaron temas esenciales para hacer frente a la escasez hídrica que vive el país: institucionalidad y gobernanza del agua, modelo de gestión, derechos de agua y regulación para finalmente, tener soluciones para alcanzar la seguridad hídrica bajo medidas concretas para los primeros 100 días de gobierno. Los candidatos y la candidata presentaron propuestas varias que no están lejos de la realidad pero que sí dejan con la sensación de que lo que están proponiendo a un país que ya agotó todo sus recursos naturales el 17 de mayo de 2021, es más bien aprendido pero no comprendido. 

Desde ese debate en adelante los candidatos y la candidata presidenciales se han dedicado a lo mismo: Criticarse entre ellos y ella y ventilar viejos asuntos mientras se apuntan con el dedo. Ninguno ha sido capaz de abordar temas de extrema relevancia para el futuro de nuestro país. Temas que van más allá de la emergencia climática pero que están altamente conectados con ella para evitarla. ¿Qué pasa con la ciencia, candidatos? La pandemia no puede dejar más claro que el desarrollo científico es clave para un país que se dice, va en vías de desarrollo. Sin embargo, en octubre de 2020 el gobierno anunció un nuevo recorte en el presupuesto para el área cayendo en términos porcentuales un 9,2% con respecto a 2020. ¿Por qué los candidatos no hablan de aquello cuando el desarrollo de la ciencia está altamente ligado con el abordaje a la emergencia climática?

Asimismo, debaten sobre seguridad social y ciudadana dejando esto como una responsabilidad que recae netamente en gobierno, estado y políticos cuando la realidad es que se pueden lograr objetivos muchos más ambiciosos alineándose con las empresas y actores privados que tengan una mirada sostenible al respecto. Porque sí, sostenibilidad no es solo hablar sobre medio ambiente.

Y cuando hablamos de gobernabilidad es no dejar a ningún factor social de lado. Es abordar las emergencias de un país bajo la urgencia del bienestar ciudadano. Asimismo, la seguridad de un país requiere de una responsabilidad social íntegra y planes de desarrollos sostenibles en donde se considere la implementación de tecnologías como, por ejemplo, para implementar sistemas de riegos en un territorio que si o si enfrentará sequías al mismo tiempo que necesita de agua para la industria agrícola de la que se generan exportaciones y una importante economía.

Gobernabilidad es darle espacio al arte junto a las culturas reconociendo el valor que en ellas existe para educar y concientizar a generaciones actuales y futuras. Entender que por medio de las distintas disciplinas artísticas las personas pueden educarse sobre temas complejos y que la educación es fundamental para instalar una cultura desarrollada en donde el desarrollo propio no signifique la destrucción de nuestros hábitats y medio ambiente. 

En los últimos años, hemos sido expertos como país y sociedad en apuntar a los países desarrollados como ejemplo y objetivo de alcance. Políticos y líderes de opinión dicen que debemos copiar sus proyectos y legislaciones. Pero la verdad es otra, porque lo correcto es visionar esos estados de desarrollo implementando planes bajo el miramiento de las realidad legislativa, territorial y cultural de Chile, teniendo siempre presente que todo eso no se puede lograr dejando en la banca la participación de la ciencia y tecnología, la protección y preservación del medio ambiente y los recursos naturales, la educación, las artes y las culturas, las empresas y actores privados.

Educar para involucrar y que Chile pueda transformarse en un país que se desarrolle bajo un mismo eje. Uno en el que los proyectos y acciones para afrontar el cambio climático y el bienestar de los chilenos sean el timón de todo y no la deuda de los candidatos presidenciales.

 

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